viernes, 30 de diciembre de 2011

Catálogo historial genealógico de la casa de Fernán Núñez de Luis de Salazar y Castro (II)

En la anterior entrada ya hablaba  sobre como surgió este catálogo. Ahora llega el turno de explicar un poco más como era.

El catálogo comienza con la dedicatoria al hijo de su promotor, Pedro José Gutiérrez de los Ríos Córdoba Zapata de Mendoza, que luego sería cuarto conde de Fernán Núñez. Este conde sería el que recibiese de manos de Felipe V el título de Grandeza de España y probablemente tuvo que ver en dicha decisión la creación del catálogo.

Sigue con una declaración o manifiesto sobre la valía y nobleza de dicha casa nobiliaria por el Marqués de Mondejar y conde de Tendilla, Gaspar Medonza Ibáñez de Segovia, personaje bastante relevante en la política del siglo XVIII pero en el que por la poca vinculación con Fernán Núñez no voy a entrar en detalle.

A partir de aqui el catálogo se divide en tres partes: 

En la primera comienza el desglose de la casa nobiliaria, por supuesto por Fernán Núñez de Témez y termina en el que hasta la fecha de su creación era el último heredero, Pedro José Gutiérrez de los Ríos, el cuarto conde. Salazar no se limitó a hacer una única línea de predecesores desde el capitán gallego hasta el tercer conde, si no que hizo una relación de familiares que cumplían los dos objetivos citados en la entrada I: reclamar posesiones o demostrar descendencia real. 

Para ello, al margen de los señores o condes crea unas notas donde,a modo de pie de página detalla algunos apuntes bibliográficos (por llamarlos de alguna manera) sobre todo de los autores que le interesaba y que no alterasen el resultado que buscaban, autor y noble, para sus pretensiones. También en los márgenes se incluían cuando se separaba o se creaba algún nuevo mayorazgo que partía de la Casa de Fernán Núñez.

Finalmente, cada bloque termina con un pequeño árbol genealógico que empezaba por algún rey de Castilla, León o Aragón y termina en el señor o señora de Fernán Núñez en cuestión, para así demostrar siempre un vínculo real, a esto se le llama líneas reales y pueden ser tres o cuatro o hasta diecinueve, en función de si tenía parentesco con varios reyes.

La segunda parte son unos esquemas llamados árboles de costado (por encontrarse de forma horizontal). El tercer conde mandó extraer y ampliar estos árboles de costado en forma de grandes lienzos y situarlos en los grandes salones del palacio, probablemente en algún salón reservado para las audiencias, así servía de demostración de su nobleza y linaje. Todavía hoy se conservan en dicho palacio, pero en muy mal estado.

Fragmento de un árbol de costado

Y termina con una tercera parte es la llamada por Salazar como Tabla deste libro y genealogica de la Casa de Fernán Núñez, desde el año de 1236 en que fue la conquista de Cordova. Aqui se hace un breve resumen de los señores y sus hijos, sin entrar en detalles, de forma esquemática, aunque en algunos casos de sucesiones polémicas o con pleitos sí se profundiza.

Con esto termino de hablar sobre el catálogo, quien quiera lo puede descargar en el enlace de la  bibliografía.



 · Información editada procedente de:
PDF de una sesión del Coloquio Internacional sobre Mujeres e Historia:  Acercamiento a la entidad aristocrática a través de la construcción de la memoria familiar: CASA DE FERNÁN NÚÑEZ. Carolina Blutrach Jelín.
Ficha del libro en el catálogo de la Biblioteca Virtual de Andalucia (descargable en PDF)

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Catálogo historial genealógico de la casa de Fernán Núñez de Luis de Salazar y Castro (I)

Introducción sobre Francisco Gutiérrez de los Ríos y Córdoba, tercer conde de Fernán Núñez.
Breve biografía de Francisco Gutiérrez de los Ríos
Francisco de los Ríos y Carlos II
Fernán Núñez y la Batalla de Cádiz (1702)
Francisco Gutiérrez de los Ríos y la Guerra de Sucesión Española.
Las reformas de Francisco de los Ríos en Fernán Núñez (I)
Las reformas de Francisco de los Ríos en Fernán Núñez (II)
Las reformas de Francisco de los Ríos en Fernán Núñez (III)
Las cartas del tercer conde de Fernán Núñez
El Hombre Práctico
El reparto de Valdeconejos
Las Dieciséis Huertas de Fernán Núñez
La Cruz de los Desamparados (I)
La Cruz de los Desamparados (II)
Los cuadros del tercer conde
La fortaleza-palacio de Fernán Núñez en tiempos del tercer conde (Introducción)
La fortaleza-palacio de Fernán Núñez en tiempos del tercer conde
Francisco Gutiérrez de los Ríos y el convento de la Concepción de Córdoba
El entierro del tercer conde de Fernán Núñez
Descendencia y muerte del tercer conde de Fernán Núñez
Francisco Gutiérrez de los Ríos en Fernán Núñez y Córdoba 

lunes, 26 de diciembre de 2011

Catálogo historial genealógico de la casa de Fernán Núñez de Luis de Salazar y Castro (I)

La casa nobiliaria que lleva el nombre de nuestra villa sigue siendo objeto de estudio en las principales universidades europeas, señal de la relevancia que esta estirpe tuvo en la historia de España y del mundo y como siempre he dicho, implicando directamente o indirectamente a Fernán Núñez en ello.

En varios de estos estudios se habla del fabuloso documento llamado Catalogo historial genealogico de los señores y condes de la casa y villa de Fernan Nuñez desde la conquista de Cordova, año de 1236 hasta este de 1682, que es de lo que va a tratar, brevemente, esta entrada.

Portada del Catálogo
Luis de Salazar y Castro (Valladolid, 1658 - Madrid, 1734) está considerado como uno de los grandes cronistas de los siglos XVII y XVIII, ostentando el cargo de Cronista oficial de España y Indias desde 1697 hasta 1734. Pero de este cronista nos interesa unos años antes, concretamente en torno a 1680, cuando comenzó a escribir una gran obra genealógica por encargo del tercer conde don Francisco Gutiérrez de los Ríos y Córdoba.

Según algunos estudios, los cuales dejaré en la bibliografía, el conde lo que buscaba con este catálogo era configurar una identidad nobiliaria y aristocrática, dicho en otras palabras, quería reforzar sus títulos, demostrar su nobleza como legítimo sucesor de sus antepasados y así ser reconocido con un fuerte credencial frente al resto de la aristocracia española. Esto era esencial a la hora de exigir a la corona española recompensas por servicios prestados bien sea nuevos cargos militares y políticos o  el título ducal o el de Grande de España, que es el rango más alto al que aspira la nobleza que no es un infante o principe de Asturias.

Grabado del interior con el escudo nobiliario de la Casa Condal de Fernán Núñez
 La polémica viene ahora, y es que los historiadores tienen cada vez más claro que los nobles adulteraban sustancialmente las narraciones (puesto que mucha información se obtenía de forma oral) haciéndolas poco objetivas, convirtiéndolas en narraciones elaboradas con reglas propias y objetivos sociopolíticos como los que en el anterior párrafo relataba: nuevas aspiraciones y títulos.

Es hasta tal punto que el catálogo no coincide si lo comparamos con otros documentos de la época o anteriores como puede ser la historia de la Casa de Córdoba de Francisco Fernández de Córdoba, Abad de Rute, casa donde se incluye la rama de los Fernán Núñez entre muchas otras, o si se analizan legajos donde se solicita ser parte de alguna de las órdenes de caballeros, como en el caso de los Fernán Núñez, que terminaron siendo de la Orden de Alcántara, a la cual tenían que aportar suficiente documentación para pasar una selección y finalmente tener el título de caballero.

En el Catálogo se descubre como excluye a parientes según les convenía o resaltan figuras de algunos antepasados, sobre todo de aquellas mujeres que venían de una familia vinculada a la monarquía o para dejar claro una vinculación con alguna familia noble para que en caso de que dicha familia quedase sin sucesión, poder reclamar las posesiones en herencia.

Sin embargo, gracias a este catálogo, a pesar de sus partes más o menos ficticias,se ha podido obtener mucha información, no solo de los señores sino de todo nuestro pueblo desde aquel 1236 y hasta 1682. Las múltiples copias que fueron haciéndose con el tiempo (como la que se conserva en Montilla, en la fundación-biblioteca Manuel Ruiz Luque) han permitido que a pesar del grave incendio de 1755 que destruyó parcialmente el castillo y por tanto, el archivo de esta casa señorial y la posterior disgregación de los fondos restantes todavía conservemos esta información tan valiosa para la historia de Fernán Núñez.


 · Información editada procedente de:
PDF de una sesión del Coloquio Internacional sobre Mujeres e Historia:  Acercamiento a la entidad aristocrática a través de la construcción de la memoria familiar: CASA DE FERNÁN NÚÑEZ. Carolina Blutrach Jelín.
Ficha del libro en el catálogo de la Biblioteca Virtual de Andalucia (descargable en PDF)
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Francisco Gutiérrez de los Ríos en Fernán Núñez y Córdoba 

jueves, 15 de diciembre de 2011

Fernán Núñez y la Batalla de Cádiz (1702)

Como narrábamos en la anterior entrada, en 1702 había rumores de que los ingleses, alemanes y holandeses preparaban una flota conjunta para invadir las costas de Andalucía. 

El almirante Butler, duque de Ormond, al mando de la escuadra aliada llegó a la Bahía de Cádiz en julio de 1702, colocándose frente a Rota, amenazando al Puerto de Santa María. Ante esta situación acude Villadarias, Capitán General de Andalucía, con un pobre socorro de 150 infantes y treinta caballos, que no son obstáculos para que los ingleses desembarquen en litoral, arrollando con la resistencia, invadiendo Rota y El Puerto de Santa María.

El Almirante Butler, por Michael Dahl

Pequeñas disputas entre los mandos, y la dificultad de desembarco de las tropas, permitieron que el conde Fernán Núñez llegara a la ciudadela gaditana  con refuerzos y, temporalmente, mantener a raya a los invasores.

Francisco Gutiérrez de los Ríos solicitó el auxilio de las tropas cordobesas y el de las milicias concejiles de su señorío de Fernán Núñez. En todo el Reino de Córdoba causó gran consternación la noticia del desembarco aliado en Cádiz. El Cabildo Catedralicio cordobés acordó hacer rogativas para implorar el auxilio divino. El cardenal-obispo Pedro de Salazar, concedió cien días de indulgencia a todos los que asistiesen a ellas y, para el socorro de los soldados, que luchaban contra la invasión, mil doblones de oro.

Finalmente parten tropas cordobesas, entre las cuales iban encuadradas las milicias concejiles (tropas del pueblo, creadas con los agricultores y artesanos) comandadas por García Gómez del Rosal.

Las tropas cordobesas salieron hacia Cádiz cuando las tropas angloholandesas lograban poner pie en la ciudad y ocupaban el fuerte de Santa Catalina, estableciendo los campamentos en las playas de Puerta de Tierra. El conde de Fernán Núñez tiene que recurrir a armar a los presos para cubrir bajas e intentar contener la invasión total de la ciudad.



Puerta de Tierra, Cádiz

Finalmente el 18 de septiembre llegan las fuerzas cordobesas, formadas por tropas de caballería e infantería. Estas tropas cayeron sobre el enemigo, obligando a levantar sus campamentos de Puerta de Tierra. El conde presiona sobre el castillo de Santa Catalina y los ingleses que se ven precisados a abandonarlo, lo vuelan con cargas explosivas. 

Patio principal del castillo de Santa Catalina. Noviembre de 2011

Las tropas cordobesas reconquistan El Puerto de Santa María y persiguen al enemigo en dirección Rota . Los navíos españoles de El Puerto de Santa María, fueron incendiados por los ingleses antes de retirarse.

La guarnición, expulsada de Rota, unida a las restantes fuerzas españolas, presionaba sobre dicho pueblo estrechando a los holandeses. Los ingleses acudieron a ella, pero en la imposibilidad de mantenerla, unos y otros fueron forzados a embarcar, entre una tempestad de metralla por los fuertes gaditanos, los de los barcos del conde y las armas ligeras de la caballería e infantería. 

La Alameda de Apodaca, en la parte de Cádiz que mira al interior de la Bahía.
La escuadra de Gutiérrez de los Ríos destruyó muchos de los navíos de la alianza angloholandesa, llevando finalmente a la derrota de estos que iniciaron su retirada de la bahía gaditana. 

Por este acontecimiento se cantó en la Mezquita de Córdoba el Te Deum Laudamus, en acción de gracias el dia 29 de Septiembre de 1702, tres meses después de la llegada de la escuadra.

García Gómez del Rosal fue el único nombre que llegó de todos aquellos fernannuñeses que participaron en esta batalla. Hace unas cuatro o cinco décadas, cuando surgió el barrio de El Higueral  se le dedicó una calle.


 · Información editada procedente de:
Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crepín Cuesta
Piedras y Cruces. Francisco Crespín Cuesta

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viernes, 9 de diciembre de 2011

Francisco Gutiérrez de los Ríos y la Guerra de Sucesión Española.

La Guerra de Sucesión Española, como casi todos sabemos, fue la que se disputó entre 1701 hasta 1713 entre los partidarios de que los Borbones, con Felipe de Anjou, sucediesen a Carlos II o que en cambio, fuese otra vez la dinastía de los Austrias, bajo el Archiduque Carlos. El resultado todos los conocemos. Así que voy a pasar a relatar el papel que tuvo el tercer conde de Fernán Núñez, según nos cuentan las crónicas de las principales batallas en dicha guerra.

Francisco Gutiérrez de los Ríos acepta rápidamente a Felipe de Anjou como el sucesor legítimo de Carlos II y lo defendió con tanto tesón que los catalanes partidarios del Archiduque Carlos de Austria, le llamaron El Gran Boutifler de España. Los partidarios de los Austrias llamaban boutiflers a los partidarios de los Borbones la razón de esto puede estar en dos motivos:

- La flor de lis es el símbolo de la Casa de Borbón y también se conoce por la bella flor (beauté fleur)

- En cambio, según un cronista contemporáneo este mote procede del apellido del mariscal Louis François de Boufflers, aristócrata y militar francés al servicio de Luis XIV que participó en la guerra.

En 1702 había rumores de que los ingleses, alemanes y holandeses preparaban una flota conjunta para invadir las costas de Andalucía. El conde de Fernán Núñez, al enterarse manifestó que si los aliados se acercaban a las playas de Cádiz, tendrían consecuencias serias, sobre todo el almirante inglés Butler. Ante esto, el embajador británico envió a Butler una carta con la siguiente información:
Te envío esta para prevenirte contra el Conde de Fernán Núñez. Es el Maestre General de las Costas de Andalucía y ha dicho públicamente que si te atreves a presentarte en Cádiz, acabará para siempre con tus provocaciones.
A pesar de ello el almirante Butler, duque de Ormond, al mando de la escuadra aliada llegó a la Bahía de Cádiz en julio de 1702, iniciándose la Batalla de Cádiz, donde participarían fernannuñeses y otros cordobeses prestando auxilio a dicha ciudad.

Cádiz: Muros del Castillo de San Sebastián. Noviembre de 2011

En 1704 los ingleses someten la plaza de Gibraltar, desembarcando en ella y obligando a su guarnición a desplazarse hasta San Roque. El conde de Fernán Núñez acude con sus fuerzas, pero las municiones y armas acumuladas en el peñón y la poderosa escudra angloholandesa que llenaba la bahía de Algeciras, hicieron infructuosas sus tentativas.

Un habitante de la roca y detrás, la Bahía de Algeciras. Agosto de 2011
En 1705, otra escuadra anglo-holandesa, mandada por el conde de Peterborough intentó un segundo asalto a la ciudad de Cádiz, y nuevamente el tercer conde lo impidió.

Todo esto le conllevó un gran prestigio y además de los títulos de conde de Fernán Núñez, vizconde de Abencalez, señor de La Morena, Caballero de Alcántara y comendador de Montealegre, es Caballero del Supremo Consejo de Guerra (Ministerio de Defensa de la época), de la Real Junta de Armadas y de la Junta de Guerra de Indias, Gobernador Militar de Cádiz, Gobernador General del Reino de Córdoba, Gobernador de la Armada y Ejército del Mar Océano, con preeminencias de Capitán General propietario, General de los Navíos y Galeras, Teniende de Príncipe de la Mar, en España, y Vicealmirante de Francia, en ausencia del Conde de Trevise que mandaba la escuadra francesa en aguas de Cádiz.


 · Información editada procedente de:
Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crepín Cuesta
Piedras y Cruces. Francisco Crespín Cuesta

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lunes, 5 de diciembre de 2011

Francisco de los Ríos y Carlos II

El tercer conde de Fernán Núñez, Francisco Gutiérrez de los Ríos y Córdoba, empezó al servicio de la monarquía al igual que sus hermanos como paje o menino de la reina Mariana de Austria, la esposa de Felipe IV y posteriormente reina regente hasta la mayoría de edad de Carlos II.

Mariana de Austria, por Diego Velázquez
La tradición de ser paje o menino de los reyes ya venía de siglos atrás, pues don Alonso Gutiérrez de los Ríos y Venegas, antepasado de dicho conde, décimo señor  de Fernán Núñez ya lo fue de los Reyes Católicos.

Y, como sus antepasados, nada más salir de la corte se fue a la milicia. Pasó a la Armada del Óceano donde fue capitán de Infantería y gobernador de tres bajeles (barcos) con los cuales fue a Flandes en 1667 a llevar soldados para los tercios españoles que allí luchaban en la llamada Guerra de la Devolución, acontecida por una invasión francesa de los estados que la monarquía hispana conservaba en los Países Bajos.
El rey francés Luis XIV en la guerra de Devolución (óleo de Le Brun)

La paz con Francia llegó en 1668 y el tercer conde fue nombrado enviado extraordinario ante el Emperador de Alemania y el rey de Polonia, con ocasión del casamiento de este último monarca.
Posteriormente fue nombrado por el rey ministro plenipotenciario ante el emperador, el rey de Polonia y el rey de Suecia, Carlos XI uno de los reyes más significativos que ha tenido este país nórdico. Lógicamente era presentado como el conde de Fernán Núñez en todas las embajadas, llevando el nombre de nuestro pueblo por toda Europa.

Finalmente Carlos II le hizo volver a Flandes para prestar ayuda a los nuevos territorios holandeses, por la guerra que fue declarada por parte de Francia que intentaba invadir los Países Bajos nuevamente.
El tercer conde permaneció en dichos estados hasta que se le dió el puesto de General de Artillería, destinándolo a Sicilia con el cargo de Sargento General de Batalla, incorporándose a su nuevo destino en el año 1677.

En 1684 se le otorgan los cargos de Jefe de Artillería de la Armada  y General de las Costas de Andalucía, lo que le llevó a instalarse en Cádiz, a las órdenes del Marqués de Santa Cruz, Antonio de Paniagua y Zúñiga, y tras la ausencia de este, ocupó su puesto durante algunos años.

En estos años protagoniza un episodio bélico, apresando todos los navíos franceses que se hallaban en nuestros puertos tras la ocupación de Luxemburgo por Francia, una de las plaza que la monarquía hispana conservó  en esta zona hasta 1713. En respuesta Francia manda al conde de Tourville para responder al conde de Fernán Núñez y este desembarca en Chipiona, dispuesto a bloquear Cádiz. Francisco de los Ríos arma las milicias urbanas y con la ayuda de paisanos voluntarios y una armada de bajeles, se coloca a la entrada de la bahía para impedir la llegada de los barcos franceses hasta Cádiz. Tourville al ver la maniobra y como los gaditanos se le echaban encima por tierra y por mar, levó anclas y regresó a Francia por el Mediterráneo, conformándose con bombardear Gibraltar, que aún no era dominio británico.

El conde de Tourville. Museo de la Marina francés.
 Todas estas misiones fueron reconocidas como eficaces y desinteresadas por las muchas cartas que conserva la Casa de Fernán Núñez. Desconozco si están en el Archivo Municipal, aunque no lo creo supongo que estarán en manos de sus herederos actuales o se perdieron en el incendio del terremoto de Lisboa o forman parte de los legajos que fueron vendidos a un coleccionista de Estados Unidos.

Francisco de los Ríos, vendió bienes de hacienda propia por un valor superior al de 40000 ducados, para satisfacer los gastos de guerra y por todos estos servicios el rey Carlos II le recompensó con el título de Caballero de la Orden de Alcántara.

Casa de Fernán Núñez con el escudo de la Orden de Alcántara en su frontispicio

 · Información editada procedente de:
Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crepín Cuesta
Piedras y Cruces. Francisco Crespín Cuesta

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Descendencia y muerte del tercer conde de Fernán Núñez
Francisco Gutiérrez de los Ríos en Fernán Núñez y Córdoba

viernes, 2 de diciembre de 2011

Introducción sobre Francisco Gutiérrez de los Ríos y Córdoba, tercer conde de Fernán Núñez.

Busto de Francisco Gutiérrez de los Ríos (en el ayuntamiento)

Llevo tiempo sin escribir y no es por ganas ni porque tenga olvidado el blog. Es realmente por varias cosas entre ellas el trabajo, y algunas veces el miedo a saltarme alguna parte o apartado en cuanto a personajes realmente relevantes como, Francisco de los Ríos, al que le voy a dedicar la gran mayoría de las entradas, no solo hasta final de año si no durante bastantes meses de 2012.

Quizás Francisco de los Ríos sea el personaje histórico más importante que ha tenido Fernán Núñez, y lo digo así porque no creo que ofenda a ningún fernannuñense considerar al noble parte del pueblo, y el que cuya opinión difiera de esta, quizás con las siguientes entradas la reflexione, pues como todo en la vida, hay ciertos matices siempre que se nos pueden escapar y más si ya han trascurrido más de cuatrocientos años casi desde la época en la que este personaje vivió.

De todas formas, no soy historiador, como siempre digo, dejo estos artículos marcados de subjetividades e imprecisiones, a pesar de que intento que no sea así y que sea algo neutro.  Me gusta dar pistas, pero no convencer a la gente de lo que es bueno o malo, mejor o peor, porque no me gusta considerar a la gente imbécil. Perdón por ser tan brusco, pero es así como me siento cuando intentan convencerme de algo que yo puedo decidir o pensar por mí mismo. Solo necesito conocer una versión y la otra, y mi razón, lógica y corazón me moveran hacia un lado u otro.  Sé lo duro que es para los campesinos - los que quedan- hablar del ducado, la injusticia que puede suponer, pero vamos a mirar un poco más atrás, sin olvidar el presente reciente, para ver como fue todo en otras épocas y si encontramos alguna excepción que confirma la regla.

Después de esta divagación/justificación, me centro en Francisco Gutiérrez de los Ríos, tercer conde de esta villa y de Abencalez entre otros títulos. Gran personaje de la historia de España, que me está produciendo quebraderos de cabeza, organizar su historia y su vida. Participó en los grandes cambios políticos europeos, vivió muchos años en Cádiz, por casualidades de la vida, provincia donde vivo ahora y con toda la experiencia de sus años de militar y diplomático, decidió venirse a vivir sus últimos años a su villa de Fernán Núñez, donde no solo la contemplaba desde la ventana de su castillo-palacio, debajo del actual palacio ducal, sino que la transformó e hizo de ella el Fernán Núñez que hoy conocemos.

Ejemplar de El Hombre Práctico, obra del tercer conde.
En las siguientes entradas repasaré su papel en el reinado de Carlos II, su implicación en la Guerra de Sucesión Española, sus obras literarias, los cuadros que encargó para adornar su castillo-palacio, su descendencia, y las principales reformas en Fernán Núñez: restitución del hospicio de La Caridad, creación de la ermita del Calvario, creación de los molinos, el batán, molinos de seda, las huertas, el reparto de tierras y todo lo que el tiempo me deje seguir descubriendo.

martes, 8 de noviembre de 2011

Moro, el perro de los entierros

Se ha escrito y dicho mucho a cerca del Perro de los Entierros de Fernán Núñez. La web está llena de referencias, enlaces y videos. Si tecleamos en Google, Fernán Núñez y perro de lo entierros, nos aparecen varios links, entre ellos el de Talbanés,  que ya trató estupendamente el tema y en los comentarios podéis encontrar un buen resumen de la historia del mismo de manos del presidente de la Asociación Cultural Caños Dorados, Andrés Romero Pérez, persona muy vinculada a la Asociación Cordobesa Protectora de Animales y Plantas San Martín de Porres. Aquí dejo el enlace

Hasta en la televisión se emitió un minireportaje en el programa Cuarto Milenio de Cuatro donde quizás se exaltaba el hecho de haberle construído a Moro, que así le pusieron de nombre, un homenaje. Quien vea el video puede interpretar que el homenaje era por su extraño comportamiento hacia la muerte, pero sin duda, creo que esa estatua lo que representa es la lucha por impedir el maltrato de los animales, usando un animal muy conocido que tuvo por desgracia una muerte muy conocida.  La estatua del homenaje, ubicada frente a la Fuente Reonda, del Llano de las Fuentes, es como no, obra de Juan Polo.

Moro, perro de los Entierros en el Llano de las Fuentes. Fotografía de Salvador López
 Muchos tienen ya su propia opinión, yo tengo poco que aportar a esta entrada, sobre todo porque nací dos años después de la muerte del perro, pero siempre recordaré como mi abuela me contaba las historias del perro y como incluso fue alimentado alguna vez por alguien de mi familia.

He decidido elegir un artículo de Crespín Cuesta, artículo coetáneo, pues cuando se publicó el perro Moro aún estaba vivo, de manera que refleja en cierto modo, el ambiente del momento y no lo que vivieron, han contado o recordamos que nos contaron, así que aquí lo dejo, está extraído de Piedras y Cruces, un libro que, permitidme la sugerencia, deberían de poner de lectura obligatoria en los colegios e institutos de Fernán Núñez (que para Conocimiento del Medio puede venir bastante bien)

Parece cosa sobrenatural; pero no lo es, aunque en las noticias divulgadas entre el vecindario y publicadas en la prensa, se le haya querido dar ese carácter. Es un can negro, de tamaño mediano, rabo corto y orejas gachas. Es noble, tranquilo y reposado al andar. No ladra a nadie, sino a los de su misma especie, ni se enfurece jamás por causa alguna. La misión de cualquiera de estos animales es comer, dormir y acompañar a su amo, cuando no se le destina a guardar la puerta del cortijo, amarrado a una cadena, o a guardar el ganado; pero la de este raro ejemplar, que carece de nombre, porque para todos es el perro de los entierros, es muy diferente de la que siempre tuvieron su raza: acompañar al difunto hasta su última morada, en cuantos entierros tienen lugar en la Villa.

Es curiosísimo el comportamiento del animal. Sabe distinguir el tañido de las campanas cuando tocan a muerto, de los demás toques usuales en la parroquia. Los lúgubres tintanes fúnebres le atraen irresistiblemente y al oirlos comienza a olfatear y a recorrer afanoso las calles del pueblo, hasta encontrar la casa mortuoria, a cuya puerta se echa, hasta que la comitiva se pone en marcha y se coloca al lado del féretro, acompañándole a lo largo de todo el itinerario. Llegado a la iglesia, se queda a la puerta y allí espera la terminación de oficios fúnebres. Luego vuelve a colocarse junto a la caja y camina hasta llegar al cementerio, en cuyo recinto entra, siguiendo el cadáver, y se echa al pie de la fosa, o sepultura, de donde no se mueve hasta que el último de los asistentes ha abandonado el Camposanto. Después vuelve a las calles del pueblo, a vagar por ellas, a nutrirse de los cubos de basura y dormir sobre las gradas de las puertas.

Entierro en la calle San Sebastián, con Moro en primer plano, finales de los años 70. Foto de Isabel Redondo
Este es el caso sorprendente del extraordinario y discutido que ha llamado la atención de cuantos han observado su extraño comportamiento. Pero lo que muchas personas ignoran es que, detrás de este curioso fenómeno de fidelidad a la muerte, protagonizado por este noble animal, hay una historia sentimental y bella, no menos interesante que las sobrenaturales propiedades que se le atribuyen a la curiosa bestezuela.
El animar, actor de tan singulares escenas, perteneció a un vecino de la localidad, que vivió en estado célibe, sin otra compañía, en sus últimos años, que la de este noble can, al cual dio todo el afecto que hubiera ofrendado a una esposa o unos hijos. Pero llegó un día en que, este hombre, aquejado por grave enfermedad entregó su alma a Dios. El animal, presintiendo la magnitud de la tragedia, aulló lastimeramente en el momento en que el alma abandonaba el cuerpo de su dueño. Después, echado junto al lecho de muerte, permaneció triste e inmóvil hasta que el cuerpo fue llevado a enterrar, yendo a su lado hasta el mismo instante de bajarlo a su tumba.

Cuando todo el acompañamiento hubo abandonado el cementerio, el fiel can siguió junto al sepulcro de su amo. Llegada la noche, el sepulturero tuvo que sacarlo por la fuerza; pero lejos de alejarse, se echó junto a la entrada, sin duda esperando la salida de su hasta ahora inseparable compañero. Allí permaneció tres días consecutivos, hasta que el hambre le obligó bajar al pueblo en busca de alimento. Desde entonces, los cubos de la basura le proporcionan el sustento y el cielo es su único techo; pero cuando las campanas parroquiales tocan a muerto, sus ojillos tristes se animan, se electriza su cuerpo recordando a su buen amo, y corre por las calles hacia la casa mortuoria, va a la iglesia y llega al cementerio pegado al ataud, con la única esperanza de volverlo a encontrar. Así un día y otro día, un año y otro. Han transcurrido varios dede que el perro amigo de los muertos quedara en la orfandad, sin embargo, su fidelidad al dueño que le cuidó y mimó sigue tan patente e incommovible, como si este acabara de morir y, sin desmayo, le espera aún para demandar sus caricias.
Ante este caso insólito y curioso, que debía servir de ejemplo a los humanos, el alcalde de Fernán Núñez ha ordenado sea respetado el animal, se le vacune periódicamente y se le de cobijo, en las frías noches invernales, en el local que sirve de cuartelillo a la guardia municipal.
                                                  Crespín Cuesta. Piedras y Cruces.




Desconozco si este último parrafo se llegó a aplicar o el perro murió antes.  Con esto pongo fin a la relación de entradas, que acompañaban al mes de Noviembre, para hacer este tributo al lado fernannuñense del mundo de los muertos.

· Información procedente de:
Piedras y Cruces. Francisco Crespín Cuesta

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martes, 1 de noviembre de 2011

La ermita de San Sebastián o La Vieja Ermita (II)

Para completar la anterior entrada sobre la ermita de San Sebastián, en esta segunda parte vamos a hablar sobre su interior.

Exterior de la ermita de San Sebastián

Según cuenta Crespín Cuesta en su libro  Piedras y Cruces dice:
Desde los inicios del siglo XVIII la hermandad de San Sebastián cuidaba el culto a sus dos titulares representados por una imagen de Nuestra Señora de los Remedios, con el niño en brazos, dos de San Sebastián, también de talla, una de ellas desnuda, sufriendo el martirio, con cruz de plata en una mano y saeta del mismo metal en la opuesta, y la otra de mediana estatura, vestida. También había un Niño Jesús, conocido como El Niño Pastor.


La devoción a estas imágenes debió ser grande, por la gran cantidad de objetos de plata procedentes de promesas que llenaban sus camarines. Había un cáliz de cierto valor, con cucharilla y patena, una corona de plata para la Virgen de los Remedios, otra para el niño y una tercera para el Niño Pastor.


Además había multitud de pequeños objetos de plata, tales como ojos, pies, manos, torsos... los cuales se emplearon para hacerle a la Virgen una media luna.
Hoy no queda nada de eso en la ermita. La actual ermita, es de planta rectangular, con tejado a dos aguas y una espadaña, donde tiene una campana que suele sonar el día 2 de Noviembre, día donde se celebra la misa de los difuntos, en dicho recinto. Su interior al igual que la fachada principal está pintada de rojo y blanco, siguiendo las líneas de los edificios ducales, pintados de bermellón y blanco.

Interior de la ermita de San Sebastián




En sus laterales presenta dos hornacinas con un arco de medio punto, frente a frente, en una de ellas hay una estatua de un Sagrado Corazón y otra con algunos Crucificados de pequeño tamaño. En el altar mayor, hay un altar de yeso, probablemente, en cuya hornacina central está la imagen de San Sebastián, sin mucho valor artístico, siendo asaetado semidesnudo.  Del resto de imágenes de las que hablaba Crespín Cuesta no queda ningún rastro, lo cual es una pérdida importante que sufrió nuestro patrimonio y de la que no tenemos constancia de cómo sucedió. 

Detalle del Altar Mayor, dedicado a San Sebastián
Esta ermita y este cementerio no puede distar de muchos otros de nuestra provincia, o de Andalucía o España, pero quería dejar constancia con algunas entradas por su historia, vínculos y a nivel personal por cercanía.




· Información editada procedente de:
Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crepín Cuesta
Piedras y Cruces. Francisco Crespín Cuesta

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domingo, 30 de octubre de 2011

El Santo

En Fernán Núñez, siempre usamos la expresión el Santo para referirnos al Cementerio Municipal, la historia del cementerio va ligada siempre a la de la ermita de San Sebastián y a pesar de estar dedicada a dicho santo, el cementerio no recibe ninguna advocación. El Santo hace alusión al término campo santo, abreviandose solo en Santo.

En las anteriores entradas (se pueden consultar en la relación de enlaces al final de la entrada) he hablado de su origen, y a parte de este periodo inicial, pocos sucesos llamativos han ocurrido que puedan ser de interés histórico. Eso sí personales, muchos, y no relacionados con la muerte, que lógicamente, podrían ser, sino que por proximidad a mi domicilio ha sido en varias ocasiones lugar de juegos de niños (por muy extraño que parezca) y lugar para ir a ligar o pelar la pava (por muy raro que parezca, también) La verdad es que  allí no te molestaba nadie.

El Santo en 1969, fotografía de Andrés Raya Saro
Son muchas las historias que me contaba mi abuela, como la de aquella mujer que enterraron viva, y tras escuchar los gritos dentro de la tumba, la sacaron, pero ya era tarde, pues finalmente sí que murió. Al desentarrarla descubrieron el error porque la mujer dejó la marca de sus uñas en la tapa del ataúd, muestra de intentar salir del mismo y hace unos años como mi propia madre se cayó a una tumba y que tras permanecer allí veinte minutos, a unos cinco metros de profundidad la sacasen casi totalmente ilesa. 

Pero vamos a lo que vamos:  el Santo de Fernán Núñez es un lugar privilegiado, con unas vistas impresionantes de los alrededores, siendo de los pocos puntos de Fernán Núñez desde donde se ve el castillo de Montemayor (a ras de suelo sin necesidad de estar en lo alto de un edificio) Ya lo dijo el sexto conde al Consulado de Cádiz: <<... y a principiar a construir un cementerio público, proyectado por mí, en el parage más elevado a la inmediación de ella..
.

Al fondo, junto al ciprés el Castillo de Montemayor

Vistas del Palacio Ducal, desde el santo.
  Se divide en varios patios. Solo conozco los nombres de las placas que se conservan: el Patio 1, de San Juan, el de mayor antiguedad, donde se sitúa la ermita de San Sebastián, los pilares del panteón ducal y las tumbas de más antigüedad muchas con escudos nobiliarios que evocan al pasado ilustre de muchos de los vecinos de Fernán Núñez.

Panteón del siglo XIX

Nichos de la familia de los Villafranca

En el patio de San Juan también se situaba una cruz, hoy desaparecida,  tras ser sustituída por un crucificado de Juan Polo, que está en el centro de lo que se iba a usar como panteón ducal.

Cristo de Juan Polo, foto de Juan Cardador Cañero

Lógicamente, la población aumentaba y también los enterramientos. El patio quedó pequeño, así que se tiró una de sus tapias, la orientada al sureste, y se hizo el segundo patio, dedicado a San Pedro

El segundo patio también quedó pequeño con el tiempo, de hecho las tumbas que hay no presentan ni calles para poder acceder a ellas, por el gran hacinamiento. Finalmente se amplió hacia el sureste nuevamente creando un tercer patio, cuyo nombre desconozco. Pero aún así, con el paso del tiempo volvió a ser pequeño, ampliándose hacia este en dos nuevos patios tres veces más grandes que el primitivo patio de San Juan y paralelo a este. El primero de estos dos, el patio cuarto es el patio de San José.

Placa del patio de San José

Vista de la ermita de San Sebastián desde el patio de San José

No hace muchos años, ya en la década del dos mil, se amplió nuevamente por su parte sureste, con algunas críticas de los vecinos que pedían un traslado del cementerio a otro lugar más alejado de la población.

 En el último patio se encuentra otra estatua de Juan Polo, concretamente en su panteón familiar, una obra llamada La Piedad.

La Piedad, de Juan Polo
Detalle de La Piedad

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jueves, 27 de octubre de 2011

El Panteón de la Casa Ducal en Fernán Núñez

Si volvemos a las entradas sobre el origen de nuestro cementerio (I y II) comprobamos como en el Cementerio había un espacio dedicado al enterramiento de la Casa Condal, luego Ducal.

Carlos José Gutiérrez de los Ríos, sexto conde,  hizo grandes reformas en el pueblo, como hemos visto en las entradas citadas inicialmente, y entre ellas estaba la construcción del cementerio en torno a la ermita de San Sebastián con parte de una recompensa por su buen hacer como diplomático. 

Fachada principal de tres arcos

Carlos José de los Ríos (era común abreviar de esta manera el apellido, omitiendo el Gutiérrez) diseñó y proyectó un panteón para sus descendientes, sobre cuya puerta se colocaría la inscripción Descansan con los suyos, según el cronista de la villa, Crespín Cuesta que acreditaba y confirmaba que los señores, condes y duques de esta tierra cumplían con una de sus últimas voluntades, que consistía en pasar los últimos años de su vida en el palacio de nuestro pueblo y descansar con el resto de fernannuñenses en el santo (como en Fernán Núñez, llamamos al cementerio)

Sea esta o no la interpretación, lo cierto es que el panteón solo quedó en proyecto. El paso de los años fue alejando a los herederos de la Casa Condal/Ducal de nuestro pueblo. Nuevos títulos, un nuevo palacio en Madrid, grandes ruínas a las que hacer frente, heredadas de las grandes sumas gastadas por el sexto y séptimo conde, empezó a  hacer mella entre las relaciones entre la Villa y la Casa de los Fernán Núñez, que hasta perdió su apellido De los Ríos pasando a ser primero Osorio y luego Falcó.

En la biblioteca municipal, recuerdo vagamente, existía un documento sobre este panteón, confeccionado por un profesor de historia - no lo he podido volver a localizar con el paso del tiempo, pero lo recuerdo con gran claridad- En el documento se observaba como los cuatros pilones que hoy hay en el patio de San Juan o patio primero del Cementerio Municipal, frente a la ermita de San Sebastián marcan este espacio que no puede ser invadido por ninguna otra lápida o tumba, por ser el espacio que se reservó o se reserva para el enterramiento de los nobles.

Pilona 1
Frente a la esquina de la ermita: la pilona 2

Pilona 3

Pilona 4


Por tanto, este espacio, sobre el que ahora se levanta un crucificado de Juan Polo, en su parte central y que preside la entrada al cementerio por su puerta principal, fue el destinado para tal fin.




Y ahora viene la pregunta. Si se construye un panteón en ese lugar, ¿taparía la ermita de San Sebastián  y desvirtuaría la imagen de la portada de tres arcos? El problema lo solucionó el diseñador del panteón, que probablemente fue el mismo sexto conde, con un panteón subterráneo: a través de la ermita de San Sebastián se accedería a una cripta cuyos límites quedaban marcados por los cuatro pilones anteriores.

Esquema de la Cripta Ducal proyectada

Finalmente, la hija del primer duque, Francisca Gutiérrez de los Ríos Lasso de la Vega desechó la idea de sus antepasados y se empezó a construir un panteón en la corte madrileña, donde tenían su nuevo palacio, en unos terrenos adyacentes al Castillo de la Alameda de Osuna, una de sus propiedades en la capital.

Panteón de los Fernán Núñez, en la Alameda de Osuna (Barrio de Madrid)



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Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crepín Cuesta

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lunes, 24 de octubre de 2011

Origen del Cementerio Municipal de Fernán Núñez (II)

Tras la fundación de finales del siglo XVIII que veíamos en la anterior entrada, vino un abandono del campo santo. Parece ser que a pesar de la Real Cédula y de la construcción del nuevo los vecinos siguieron con sus costumbres y se siguió usando los cementerios urbanos y el tiempo no pasaba en balde por el recinto del Monte de la Vieja Ermita.

En 1857, con solo algo más de medio siglo de su creación, este se encontraba en deplorables condiciones de conservación. La ermita estaba casi derruída, con sus puertas inmovilizadas por escombros. Los restos de los cadáveres que se habían enterrado junto a dicha capilla, estaban descubiertos y revueltos con las ruinas, las paredes de la cerca derruidas por muchas partes y desprovistas de cubierta de teja, para preservarlas de los temporales. Algunos de los vecinos profanaban el lugar metiéndose en el interior, con objeto de segar la hierba que crecía, para dar de comer a sus ganados, o de recoger las tablas de los ataúdes para emplearlas como combustible y a veces, hasta introducían ganados para que pastasen. No eran tiempos buenos y la población de Fernán Núñez, hacía uso de lo que encontraba.

La Corporación Municipal trató de remediar la situación disponiendo una reunión el once de abril de 1858, para la cual dispuso que se abriese un camino desde la calle San Sebastián hasta la puerta del cementerio convenientemente afirmado y bordeado de árboles por ambos lados (cipreses), hacer las obras de reparación de la capilla y cercas y finalmente construir la cantidad necesaria de bovedillas para inhumación de cadáveres.


Todo estaba a punto de realizarse cuando intervino en el asunto don José de Villafranca y Guzmán, administrador de la Casa Ducal, haciendo la observación a la corporación de que dicho cementerio fue costeado en su origen por los señores antepasados de la Casa Ducal, en tierras de su propiedad y, por lo tanto, seguía siendo propiedad de la segunda duquesa de Fernán Núñez, Francisca Gutiérrez de los Ríos y Solís, por lo que creía justo que pidiesen autorización para llevar a cabo las obras.

Y así actuó la corporación, recibiendo en mayo de 1859 una comunicación con la cual hacía constar que era voluntad del duque consorte, Felipe Osorio de la Cueva ceder en toda propiedad y posesión al ayuntamiento el terreno y fábrica que constituía dicho edificio, por medio de escritura pública y con conocimiento de las autoridades superiores, civil y eclesiástica de esta provincia, pero con la condición de reservarse, para los usos que se conveniese destinar, el sitio preferente que sus antecesores allí habían marcado para Panteón, libre de toda clase de derechos que impusiese el ayuntamiento.

Pivote que marca el espacio del panteón ducal
Por tanto, tras la cesión el alcalde Adolfo Darhán Gaztel reunió a la corporación el nueve de abril del mismo año decidió dejar constancia de esta donación en el Libro Capitular donde se le agradecía al duque la cesión.

Esta fue la confirmación de aquella primera fundación de 1787 que ratificó como Cementerio de la Villa el lugar donde hoy se ubica, 224 años después.



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Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crepín Cuesta

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